Maravillas de China: Xi’an, pandas de Chengdu y el Gran Buda de Leshan
Recorremos Xi’an y sus Guerreros de Terracota, el vibrante Barrio Musulmán, el Centro del Panda Gigante en Chengdu y el majestuoso Gran Buda de Leshan esculpido en la roca.

Línea Tours Marcos Juárez
Línea Tours Marcos Juárez

Xi’an: frente a un ejército que llevaba 2.000 años esperando
Después de Beijing, tomamos el tren de alta velocidad rumbo a Xi’an. El cambio de escenario fue inmediato: dejábamos atrás la capital imperial para entrar en una ciudad que durante siglos fue el punto de partida oriental de la mítica Ruta de la Seda y capital de once dinastías chinas.
Pero había un motivo que hacía que Xi’an tuviera algo especial desde antes de llegar: los Guerreros de Terracota. Habíamos visto fotografías muchísimas veces. Aun así, nada te prepara para entrar en los enormes fosos del mausoleo y descubrir, fila tras fila, miles de figuras mirando al frente en formación de combate.
El conjunto, descubierto de forma fortuita por campesinos en 1974 y declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, fue concebido alrededor del 210 a.C. para custodiar la tumba del primer emperador de la China unificada, Qin Shi Huang. Lo fascinante desde el punto de vista del arte es que no hay dos rostros iguales: los artesanos imperiales emplearon moldes modulares para cuerpos y extremidades, pero moldearon a mano las facciones, bigotes, peinados y armaduras de cada soldado, reflejando las diversas etnias del imperio. Al principio intentás mirar cada detalle; después levantás la vista y comprendés la dimensión monumental del conjunto: estás frente a un ejército entero detenido en el tiempo.
Lo que las fotografías no cuentan es que estos guerreros no siempre fueron del color de la tierra: en el momento de su entierro estaban cubiertos por una capa de laca sobre la que se aplicaban pigmentos vivos —rojos bermellones, azules, verdes y púrpuras— que se desintegraron en segundos al contacto con el aire cuando los arqueólogos los desenterraron. Tampoco son simples figuras de barro: cada soldado empuñaba armas reales de bronce con un sorprendente tratamiento anticorrosión, y en las cámaras anexas se hallaron carros de bronce a media escala, con paraguas mecánicos y arneses de oro y plata, considerados las piezas de fundición más finas de la antigüedad china.

Xi’an no termina en los Guerreros
Sería un error pensar que Xi’an es solamente su tumba imperial. Al regresar al centro urbano descubrimos una ciudad vibrante contenida tras la muralla defensiva Ming mejor conservada de China, una mole de piedra de catorce kilómetros con baluartes y torres de vigilancia.
En el corazón del casco antiguo se despliega el Barrio Musulmán, hogar de la etnia Hui. Caminar por sus callejuelas es un banquete para los sentidos: puestos de pan roujiamo fresco, brochetas sazonadas con comino y sésamo, faroles encendidos y el aroma de las especias. En medio de esta trama urbana se esconde la Gran Mezquita de Xi’an, fundada en el siglo VIII bajo la dinastía Tang: un fascinante ejemplo de sincretismo arquitectónico donde la tipografía y disposición espacial de un templo tradicional chino —con patios sucesivos, aleros de madera y tejas esmaltadas— alberga un lugar de culto islámico.
Lo más sorprendente de la Gran Mezquita es lo que no tiene: no hay cúpula ni minarete. El oratorio se orienta hacia La Meca, pero el conjunto sigue un eje este-oeste que rompe deliberadamente con la rigurosa orientación norte-sur de la arquitectura imperial china. Su pabellón Fénix, una torre de madera de tres cuerpos con aleros superpuestos, reproduce en miniatura la silueta del Salón de la Armonía Suprema de la Ciudad Prohibida, demostrando cómo la comunidad Hui adoptó el lenguaje formal chino para expresar su fe islámica: el islam vestido con la piel del imperio.

Rumbo a Chengdu: China también se descubre desde un tren
Una de las maravillas de la China moderna es su red de trenes de alta velocidad. Subir a bordo en Xi'an y ver cómo las llanuras secas del norte se transforman en colinas verdes y frondosas a más de 300 km/h es una experiencia en sí misma. Pocas horas después llegábamos a Chengdu, la próspera capital de la provincia de Sichuan.
El día en que conocimos a los pandas de Chengdu
Hay visitas culturales, monumentos y paisajes. Y después están esos momentos entrañables que hacen que todo el grupo sonría al mismo tiempo: la visita al Centro de Investigación y Cría del Panda Gigante de Chengdu. Ubicado en un frondoso bosque de bambú que recrea el hábitat natural de las montañas de Sichuan, este santuario es líder mundial en la conservación y reintroducción de la especie.
Observar a los osos panda de todas las edades comer bambú con pausada elegancia, trepar a los árboles o jugar entre las hojas es un espectáculo conmovedor que nos conectó de lleno con el símbolo natural más querido del país.

Y de repente, un Buda de 71 metros
Ese mismo día la ruta nos llevó hasta Leshan para contemplar una de las maravillas de la escultura religiosa mundial: el Gran Buda de Leshan (Dafo). Esculpido a partir del año 713 d.C. durante la dinastía Tang bajo la dirección del monje Haitong, este Buda Maitreya sentado alcanza los 71 metros de altura, lo que lo convierte en la estatua esculpida en piedra más grande del mundo.
Haitong promovió la obra para calmar las turbulentas aguas en la confluencia de tres ríos que hundían los barcos mercantes; irónicamente, las miles de toneladas de piedra retiradas del acantilado al esculpir la figura cayeron al lecho del río, alterando las corrientes y pacificando el paso. Además de su escala titánica —los hombros miden 28 metros de ancho y sobre sus pies caben decenas de personas—, la estatua posee un ingenioso sistema interno de drenaje con canales ocultos detrás de las orejas y en los pliegues de la ropa que evacua el agua de lluvia y evita la erosión de la arenisca roja.
El Gran Buda pertenece al período más espléndido de la escultura religiosa china, la dinastía Tang, cuando el budismo —llegado desde la India por la Ruta de la Seda— se fusionó con el realismo y la monumentalidad propios del arte chino. La figura representa a Maitreya, el Buda del futuro, en postura sedente con las manos sobre las rodillas: un gesto que en la iconografía mahayana anuncia la serenidad del próximo despertar. Su escala dialoga con la tradición de los grandes Budas tallados en acantilados —como los destruidos de Bamiyan en Afganistán—, pero a diferencia de aquellos, el de Leshan sobrevivió ocho siglos casi intacto hasta que, en el siglo XX, fue restaurado y dotado de un sistema de drenaje moderno que prolonga la vida de la arenisca.

Pero lo más inesperado todavía estaba por llegar
Después de Xi’an, los pandas de Chengdu y el Buda gigante de Leshan, sentíamos que habíamos colmado todas las expectativas. Sin embargo, el viaje apenas estaba cobrando impulso. Nuestro próximo destino sería la impactante megaciudad vertical de Chongqing, con sus monorrieles atravesando edificios, antes de adentrarnos en los pilares flotantes del Parque Nacional de Zhangjiajie.

¿Te gustaría sumarte a nuestro próximo viaje grupal a China y vivir estas maravillas en persona?

Maravillas de China - 23 de octubre de 2026
Fecha de salida: 23 de octubre de 2026
Viví este recorrido en grupo con coordinador permanente y todo organizado.
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